Cuotas de género y discriminación: una aclaración – Lucía Melgar

La semana pasada comenté en este espacio declaraciones atribuidas a la Ministra Luna Ramos, en una nota de Correo de Guanajuato del 23 de septiembre acerca de la conferencia que ésta dio ante integrantes del Poder Judicial de Guanajuato (http://periodicocorreo.com.mx/se-pronuncia-ministra-contra-cuotas-de-genero/ ). Esta nota fue retomada y comentada en un artículo publicado en Animal político (30.IX.16). Aunque las citas estaban entrecomilladas, mi fuente no apareció. El 5 de octubre se publicó en este diario una aclaración enviada por la oficina de Comunicación Social de la SCJN, refutando mi artículo. Solicité el audio de que ésta ofrecía y, en base a éste, por ética y por responsabilidad con quienes me leen, aclaro como corresponde.

La ministra Luna Ramos en efecto, explicó lo que son las cuotas de género y señaló que “a mí en lo personal, las cuotas de género me caen gordísimas” (audio SCJN) pero no por discriminar “a los hombres”, como se señalaba en Correo, sino porque denotan discriminación hacia las mujeres, en cuanto son necesarias precisamente porque la sociedad pone límites al acceso de las mujeres a los puestos públicos. También señaló la Ministra que lo que debe prevalecer son los méritos profesionales y que, junto con las cuotas, lo hay que buscar es que lleguen “las mejores mujeres” y “los mejores hombres” (audio SCJN).

Conforme al audio, Luna Ramos también se refirió a los puestos por designación. Al respecto señaló que, en este caso la situación es más complicada, porque dependen “de quién designa”, y enfatizó que, a la vez que deben abrirse más posibilidades a las mujeres, en el momento de la designación, el criterio debe ser “exclusivamente de profesionalismo, de capacidad”.

Coincido con la Ministra en su valoración de las cuotas así como en la importancia de evaluar las cualidades profesionales de quienes aspiran a un cargo público, sean hombres o mujeres.

Es una lástima que estas consideraciones no se hayan difundido claramente en Guanajuato, estado donde prevalece una discriminación sistémica hacia las mujeres, más evidente que en otros. Como es común en el país, en el ámbito político no sólo no hay paridad, se da un claro desequilibrio en el gabinete y los ayuntamientos. Además de la resistencia conocida contra la participación política de éstas, subsiste ahí una visión muy conservadora de los roles de género. Hay quienes rechazan la participación de las mujeres en cualquier espacio público, quienes incluso critican a las que trabajan, aunque lo necesiten, y quienes tachan de “locas” a las mujeres que demandan mejores condiciones de trabajo, denuncian acoso laboral o sexual, o tienen ambiciones profesionales.

Las cuotas de género no van a eliminar la discriminación contra mujeres y niñas en Guanajuato, ni en el país, pero pueden incidir en un cambio de mentalidades. A medida que haya más mujeres en cargos públicos, se irá normalizando esta participación y más hombres y mujeres reconocerán que eso es lógico y justo porque, como dijo el Primer ministro Trudeau “estamos en el siglo XXI”: un gabinete paritario ya no puede verse como cosa rara. Una mayor presencia femenina en el ámbito público también dará a las niñas más modelos alternativos para que aspiren a ser presidentas o ministras, si les atrae la política o la carrera judicial. A medida que más mujeres en cargos públicos puedan demostrar que tenemos las mismas capacidades que los hombres, será más evidente que cuestionar los méritos profesionales de las mujeres, por el hecho de serlo, es discriminatorio; lo mismo que dar por sentado que todos los hombres que ocupan cargos públicos son brillantes y honestos.

Desde esta perspectiva, cabe preguntarse por qué en el proceso para elegir a siete magistrados del Tribunal Electoral se idearon dos ternas de mujeres que sólo permitirán designar a dos magistradas. ¿Acaso no podrían competir las seis candidatas actuales con sus colegas hombres y ser designadas ellas? ¿Se pensó que en el Senado prevalecería el prejuicio y se buscó “garantizar” un minimo, por demás insuficiente?

Artículo publicado en El Economista, el 11 de octubre de 2016.

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